jueves, 15 de marzo de 2018

Lo mejor de nosotros



Briamel González Zambrano

Nunca he soportado la viveza criolla venezolana. A ese que se cuela en la fila del banco, de un ministerio, al motorizado que se sube en la acera, al que no respeta los espacios públicos. A ese que trafica con papeles, con gestiones y con dinero público. A ese que le dice a un fiscal o a un policía: “¿Cómo hacemos para arreglar esto?” con el fin de evitar una multa o una detención y a sabiendas de que cometió una infracción. Al guardia de la alcabala  de carretera que te chantajea, mira tu automóvil y te dice: “Dame algo pal refresco”. A esos uniformados que están en el aeropuerto de Maiquetía como buitres hambrientos. Comentan: “¡Qué tablet tan bonita! ¿Y ese iphone es último modelo?”. Y el pasajero temblando antes de pasar los controles,  enfrentando  la posibilidad de tener que darle de gratis un bien que fue fruto de su esfuerzo.


 “Ese es tu problema”, me dijeron alguna vez cuando aún vivía en Venezuela: “No te quieres dar cuenta de que las cosas funcionan así aquí y punto. No vas a cambiar el mundo. Y así hemos vivido aquí sin problema. Es una cuestión de supervivencia”.  A lo mejor aquella persona tenía razón. A lo mejor, en buena medida, por eso me fui.  Aquí en España la viveza tiene su versión propia llamada “La Picaresca”. Tampoco la aguanto, aunque es menos frecuente de lo que los propios españoles creen. Es ese que cree que puede regatear en servicios que tienen un coste determinado, que trapichea con cosas menudas, que le encanta engañar a los organismos del Estado y  que disfruta si mete gato por liebre.


Ahora que somos millones de migrantes venezolanos por el mundo, no exportemos esa “viveza”. No repliquemos ese modelo que tanto daño nos ha hecho y que también nos heredó esta situación de debacle-país tan horrible. Escucho relatos de  estafas inmobiliarias, monetarias  o de franquicias cometidas por venezolanos y me entra ira. Desde luego, no son una mayoría, pero me gustaría no oírlas nunca más.  Por esto pido la mejor versión de nosotros mismos.


Seamos ciudadanos cumplidos y de bien. Seamos ese que ayuda, que hace su trabajo bien, que se le reconoce por su profesionalidad y su integración. Seamos ese con quien la gente empatiza cuando ocurre algo en Venezuela. Seamos ese que se interesa por la realidad social, histórica y política del país al que llegó. Seamos ese que trabaja con tesón para salir adelante sin dañar a otros, sin colarnos el fila, sin  creernos más que nadie.

Al hilo de esto que os pido encarecidamente, les quiero dejar dos vídeos. Uno realizado en Argentina por la periodista Nathalia Restrepo de Mundotkm con venezolanos que cuentan su historia. El otro es del taller “Hablando español de España” que dictamos junto con Voyaemigrar.com  hace una semana en Madrid. El primer vídeo muestra la fuerza de los migrantes y cómo atravesaron fronteras, cómo no les importan títulos porque lo que quieren es sobrevivir a la barbarie de la que huyeron. El segundo vídeo muestra a unos asistentes muy interesados en integrarse, en saber y comprender cómo se habla en España y cómo pueden adaptarse mejor, sin dejar de ser venezolanos.


Seamos eso, la mejor versión de nosotros mismos.
¡Gracias!


Venezolanos en Argentina. Por TKM Mundo





                    Venezolanos en el taller Hablando español de España en Madrid.
                        Organizado por Voyaemigrar.com y Briamel González

lunes, 26 de febrero de 2018

Fachadas



"No hay tierra como la tierra de tu infancia".Michael Powell
"La verdadera patria del hombre es la infancia". Rainer María Rilke.
"A veces me escribe la infancia/
una tarjeta postal
¿Te acuerdas?" 
Michael Krüger 


Briamel González Zambrano

El fin de semana me llegó al móvil la foto de la fachada de una casa. El remitente solo dijo en el grupo de amigos del colegio: "Quise compartirla con ustedes". No escribió nada más. Él sabía lo certero de aquel mensaje. Es la casa de su infancia. Ahora luce con maleza, las paredes desconchadas, cerrada, con la rejería descolocada, algo derruida, acusa abandono. Estoy segura de que a todos los destinatarios nos sorprendió verla así, como parte de una escena apocalíptica. 

Aquella quinta con nombre de fría ciudad italiana está en mi natal Puerto Ordaz, una de las urbes más calientes de Venezuela. Allí estuve en cumpleaños, barbacoas, viendo partidos de fútbol, estudiando con cuadernos, enciclopedias, diccionarios de Latín, con el libro amarillo de Historia Universal firmado por  Aureo Yépez Castillo, con el libro negro de Biología de Serafín Mazparrote y siempre sobre la mesa había vasos metálicos llenos de Nestea o de Toddy. Muy cerca un mueble con portarretratos con fotos de los hijos. Los padres  pasaban verificando que de verdad estábamos repasando. 

En una fracción de segundos recordé todo eso. Al padre italiano siempre de punta en blanco, con su acento y sonrisa muy marcados. A la madre guara de voz suave, solícita, cariñosa. Recordé el salón, los cuadros y que cuando estuve en Italia por primera vez pensé en aquella vivienda. También rememoré una llamada a mi móvil en plena madrugada hecha desde esa casa en el año 2001: "¡Soltaron al carajito, negra! ¡Lo soltaron! ¡Es libre!". Mi amigo me avisaba que habían liberado a su hermano pequeño, luego de un secuestro que tuvo en jaque a la policía  durante varios días. Aquello se resolvió porque la familia pagó el rescate sin decir nada a las autoridades, pese a que los tenían instalados en su hogar y con sus teléfonos intervenidos. 

Respondí al mensaje de la foto: "¡Qué recuerdos! ¿Quién vive allí ahora?". La respuesta de mi amigo Gianca (que vive en Panamá) fue: "Nadie. Mi familia la vendió hace años y quienes la compraron nunca han estado. La abandonaron". Entonces pensé en las casas del resto del grupo, en sus nombres con letras de bronce pegados a la pared principal, pensé en la de mis padres: La Gonzalera. 

Evoqué  también en esa sensación pesada de estar en el Ortiz de "Casas Muertas" que a veces da al volver al lugar de origen, después de años sin vivir allí.  Seguramente usted, estimado lector, puede hacer lo mismo. Cerrar los ojos y ver la casa donde creció, recordar cómo era, su ubicación, sus muebles y si todavía sigue en pie, si aún la visita o queda algún familiar viviendo en ella. Si la vendieron, pensará quien vivirá allí y si la disfruta y es feliz. Si está alquilada o vacía, a la espera de que en Venezuela haya un mercado inmobiliario razonable para venderla. 

Los sitios de la infancia no permanecen físicamente para siempre. Eso lo sabemos todos. Sin embargo, hay quienes sentimos que nos robaron la posibilidad de visitarlos cuando nos apetezca, de ver a los vecinos y algún imprudente te diga que has aumentado de peso o de que te vas a quedar para vestir santos, de pasear por los parques, de ver a las tías cada domingo, o de que los hijos crezcan con primos o padrinos cerca, de que esos niños sepan lo que es una mata de mango porque se subieron a ella y que visiten a los abuelos sin Skype de por medio. Eso nos lo arrebataron de cuajo a algunos. Siempre trato de no quejarme de ello, de agradecer donde estoy y la vida que tengo. Sin embargo, la foto de esta fachada me ha dejado tan pensativa que no pude evitar hacer esta reflexión. 

Ya no hay domingos familiares porque los hijos estamos en diferentes países o ciudades, ya no hay vecinos porque muchos también se han marchado, ya no hay parques porque toca encierro, porque la inseguridad mata y lo hace cada día. No hay: "Inventemos una parrilla este domingo que hay béisbol, fútbol, elecciones o porque ha nacido un bebé", porque comprar carne es casi de millonarios. Ya no hay visitas desde Caracas a Puerto Ordaz porque no quedan casi vuelos, ni repuestos para el coche, ni carreteras seguras. Ya no hay invitaciones para tomar café porque ese es un producto escaso, como el papel del baño, como  los medicamentos, los alimentos, las servilletas, como casi todo. Escribo esto y no desvelo nada. Todo es conocido, pero tenía que decirlo otra vez. Esa fachada, la de quinta Firenze, me habló, me dijo cosas, me llevó a lugares y por eso lo he querido contar. 

El periodista canario Juan Cruz dice que los seres humanos: "Somos nuestra infancia, lo primero que se aprende es lo último que se olvida, según se pierden los recuerdos uno se despide de sí mismo".  Así que conservemos nuestros recuerdos tanto como podamos. Que esta devastación tan horrorosa no nos los quite. 



Muchas de las casas en Venezuela están clausuradas o muy deterioradas por la situación actual del país.
Esta foto es en Puerto Ordaz. 

viernes, 19 de enero de 2018

Los que más crecen, los que más piden



Briamel González Zambrano

El diario ABC publicó esta semana una nota según la cual la comunidad venezolana es la colonia extranjera que más crece en Madrid. Estamos en casi todos los barrios, en todas las escalas sociales y ocupamos cargos en diversas industrias. Casualmente, en estos días estuve con una persona de Cáritas, la rama de la iglesia católica que trabaja con los más excluidos y  me dijo: "Los venezolanos son los extranjeros que más acuden a nuestras sedes para pedir comida, ropa y trabajo en España". Yo me quedé pensativa. Estuve cavilando sobre el tema, sobre este desembarco que no cesa, imaginando las caras que hay detrás de todos esos números: Mis paisanos. 

Retrocedí también a mi vida en mi natal Puerto Ordaz. Una ciudad planificada y repleta de inmigrantes. Allí crecí viendo cómo mis amigos, hijos de colombianos, se ayudaban con otros colombianos, lo mismo pasaba con españoles, portugueses, italianos, chilenos, peruanos, bolivianos, libaneses y griegos. La lista de las aulas de mi colegio era una retahíla de González, García y Pérez mezclados con apellidos venidos desde todas partes, a veces impronunciables . Los vi ayudarse, tener sus clubes, hermandades, celebrar las fiestas y hacer las recetas de los países de origen, mezclar su sangre y su vidas con venezolanos, crecer.


Ahora estamos nosotros los venezolanos en esta tesitura. Somos los que más crecemos en número y también los que más pedimos a la beneficencia. Es lógico. Se está huyendo. A la luz de lo acontecido esta semana, la violencia del gobierno aterroriza, espanta y hay quien sale corriendo con lo puesto. Tenemos un gobierno que asesina en directo, que involucra grupos paramilitares en operativos en los que trabajan los Cuerpos de Seguridad del Estado. Esto nadie lo explica. Una periodista pregunta qué ha pasado y llama a la reflexión en la tele y la echan de su trabajo, luego de 17 años de servicio. Aprovecho para presentar mis respetos para Alba Cecilia Mujica, una periodista que ha sido guía y formadora de varias generaciones. 


Hay semanas así. En que Venezuela es un aliento contenido, una herida con la carne enrojecida y que no se cierra. Es una metralla de acontecimientos desafortunados que te golpean. Mientras tanto, las cifras nos hablan por sí solas. Un país con un goteo indetenible de personas que huyen y otra parte de su población que resiste, que lucha, que sobrevive allí. Ambos grupos con el corazón en un puño, soñando que todo cambie, que todo mejore, que termine la pesadilla. 








jueves, 7 de diciembre de 2017

Ruta para ayudar a Venezuela en Navidad

Briamel González Zambrano


Cuando somos niños nos enseñan que Navidad es compartir. Ante la inminente llegada de estas fechas que nos suelen remover mucho a los inmigrantes, les regalo algunas caminos que nos llevan a ayudar y compartir con personas que lo necesitan. Hay muchos paisanos venezolanos que están pasando momentos difíciles y muy lejos de casa. Juntos podemos ayudarlos a través de asociaciones e iniciativas en España. Dejo algunas por aquí. 


*Meals4Hope: Esta asociación hará una recolección especial para niños de Venezuela. Será próximo sábado 9 de diciembre en el Paseo Sant Joan (cerca de la estatua paralela a la Travessera de Gracia). en Barcelona. Están solicitando: pañales, popitos, leche infantil (de fórmula), suero fisiológico, dalcy, apiretal, arroz, atún, harina de maíz.

El envío se hará a través de una empresa de envíos segura y a través de barco.  Meals4hope cuenta con centros varios estados del país donde apoyan a niños con problemas de desnutrición y de salud. Además puedes hacer un donativo en metálico a partir de 1€ a través de este link -> https://www.meals4hope.org/donate

 web. www.meals4hope.org  
 Correo electrónico: meals4hope@gmail.com



*Feria Navideña de los venezolanos en Madrid- FENAV. La feria reunirá a artesanos, emprendedores y músicos venezolanos y españoles el próximo 16 de diciembre en el Instituto Newman de Madrid (Avenida de Guadalajara, Las Rosas). Además de las hallacas, la artesanía y el sabor de nuestra tierra, también habrá un concierto con prestiosos músicos. Lo recaudado con las entradas será a favor de las organizaciones "Cambiamos balas por balones" y "Meals4Hope". 

El Facebook de la feria es-> https://www.facebook.com/fenavmadrid/





*Merienda Solidaria. Asociación Manantial de Corazones (AMCO). La asociación Manantial de Corazones junto con la asociación Feria de la Chinita trabajan en conjunto para hacer una merienda de navidad solidaria para 30 familias venezolanas que viven en Madrid. El evento será el domingo 17 de diciembre de 4:00 a 8:00 pm. 
 Están solicitando comida y juguetes. Algunos restaurantes venezolanos ya han colaborado. Siguen necesitando:
-Para que las familias se lleven a casa en bolsas o casa: 
Panettones, dulces y turrones, bolsas de compra (para colocar la comida) 
-Para el disfrute el día de la merienda: 
Bebidas, agua, zumos, chocolate y café caliente, vasos, platos, servilletas y cubiertos desechables. 
Para los niños: 
Alguien que pueda disfrazarse de Santa y entregar los regalos
Juguetes nuevos y sencillos. 
Si deseas colaborar escribe por favor al correo: meriendasolidariaennavidad@gmail.com




*Gran Cena de Navidad en Málaga a beneficio de los venezolanos que viven en refugios. 
La cena de navidad será en la iglesia MSBN, camino de San Rafael 91C, Málaga. De 18:00 a 22:00 horas. 
Puedes colaborar en la elaboración de la cena. La hará el miércoles 20 de diciembre entre 9:00 am hasta las 22:00 pm. La prepararán en Iglesia PIB Avenida Fátima 23, Málaga. 

¿Cómo colaborar?
Para donaciones de ingredientes, ropa, calzadoo juguetes puedes comunicarte con los siguientes números telefónicos:
645 497564 / 698 41 4054/ 666 74 90 00


Más información en la web -> http://espavenezolanos.com/hallaca-solidaria/


Ropa de abrigo para venezolanos en Bilbao:



*Asociación Lean.
Durante todo el año recolectan medicina y las envían a diversas organizaciones en Venezuela. Los pueden contactar en leanemergente.org


Si puedes, date ese gusto que es ayudar. No digas que no te lo dije. Compartir, ayudar, ser solidario enriquece el alma. Hagámoslo todos. Es una hermosa oportunidad. 













jueves, 23 de noviembre de 2017

Los retornados

"Me voy para volver. 
Vuelvo para irme.
 Y así he vivido. 
Sin acabar de irme. 
Sin poder quedarme. 
Sin saber por qué" 
Fernando Vallejo

Briamel González Zambrano 


Miles de inmigrantes desembarcaron en La Guaira sin saber a dónde habían llegado


Me conmueven mucho siempre las historias de los inmigrantes que pasaron décadas en Venezuela y ahora han vuelto a sus países de origen debido a la situación actual. De verdad se me saltan las lágrimas al escucharlos hablar con profundo amor de aquel país que los recibió y cobijó por décadas.  Quieren, añoran y sueñan con ese lugar que, para mí ya no existe, ya no es. 

Siempre que tropiezo con alguno de ellos los entrevisto, les pregunto sobre su llegada allí, sobre lo que hicieron, lo que construyeron y lo que vivieron. Les pido que me cuenten cómo conocieron a su pareja, si criaron a sus hijos con las costumbres del lugar de origen, si volvieron de visita a sus casas. Me relatan esos desembarcos en La Guaira, ese clima tropical que desconocían, ese sol picante que les hizo brotar más pecas y ese mar Caribe caliente. Adoptaron a un equipo de béisbol local, casi siempre a Los Tiburones de La Guaira. Se hicieron amigos de sus paisanos, construyeron su empresa: un taller mecánico, un supermercado, un vivero, un restaurante, un comercio de cualquier ramo en medio de un país pujante, boyante y vibrante. 

Ahora vuelven a su terruño en  Europa (Italia, España y Portugal principalmente) y en otros países de América Latina (Chile, Ecuador, Perú, Colombia) con la desazón de dejar atrás aquello que construyeron con tanto sudor. Vuelven tristes, apretando su lata de galletas llena de fotos sepia de cuando eran jóvenes e inexpertos. Sin ganas de usar el abrigo, viendo siempre las noticias de Venezuela. Sin entender la política de su país de origen. Se deprimen, pero se sobreponen por sus hijos, por sus nietos. Sus miradas se humedecen en cuanto les pregunto por sus años en la Venezuela del pasado, la que ellos disfrutaron. 

"Todo era alegría y calor. Nunca aprendí a bailar, pero lo hacía con los ojos,  al ver a los venezolanos. Me fui de Galicia siendo una adolescente. Todos los días pienso en Venezuela. Pasé 52 años años allí antes de volver a España. Cin-cuen-ta y dosss. Así que ¿quién es más venezolana, tú o yo, carajita?", me dijo una gallega con sonrisa tristona, su acento marcado y mirándome a ojos. 

Abrazo a  todos los padres de mis amigos inmigrantes que vivieron en Venezuela, a todos mis panas que ahora vuelven a las tierras de sus abuelos para hacer lo mismo que ellos, buscar un futuro. Esta vida cíclica de ida y vuelta nos está enseñando mucho a todos. Sigamos aprendiendo y oigamos las historias de aquellos que fueron a nuestro país, siempre tienen algo bueno para contarnos. 



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PS:  Mi recomendación de la semana es que escuchen este programa de Radio Ambulante. Hablan los periodistas Sinar Alvarado y María Gabriela Méndez sobre migración venezolana , el país que fue, cómo es irse, cómo es regresar.  Denle al play: Radio Ambulante: Boom y colapso






















jueves, 2 de noviembre de 2017

Razones para creer

Briamel González Zambrano

Tengo una visión muy pesimista sobre Venezuela y su posible salida de la crisis económica, política y social. Creo que se puede conseguir, pero que es un proceso largo y tan complejo que llevará mucho tiempo. Tanto, que no creo que yo lo llegue a ver. Seguramente lo harán mis descendientes.

Siempre he pensado que nuestro problema como nación, y también la solución, radica en nosotros. Me refiero a nosotros los venezolanos como ciudadanos, como personas que conciben un país distinto, mejor. No me interesan los paisajes, ni las playas, ni las montañas como argumentos para tener un buen país. Sobre todo porque nada de eso lo ha hecho ningún venezolano. Estaban ahí desde antes.

Más allá del chavismo y del madurismo está la gente. Está ese que se colea cada vez que puede, que pasa el semáforo en rojo siempre, que toca la corneta e insulta en un atasco. Prolifera el que ve siempre la manera de convertir un trámite en una mafia para sacar un beneficio económico: trapicheo de medicamentos, de comida, de pasaportes, de partidas de nacimiento, de artículos de aseo personal. Está el que lanza la basura en la playa, en las plazas, en el metro porque ¿total? los espacios públicos no son nadie. Ignoran que son de todos. Están los funcionarios públicos que se van acostumbrando a trabajar uno o dos días a la semana y cobrar el mismo sueldo que devengaban cuando tenían su horario completo. Está eso llamado “viveza criolla” que, por cierto,  aquí tiene su versión española llamada “picaresca”.  Finalmente es un tema de educación que demorará mucho en reconducirse.

Pese a todo lo anterior, tengo que decir que no me siento a gusto teniendo esta percepción. Aunque me parezca muy realista y la sienta desde antes de haberme ido del país. No me gusta pensar que Venezuela se ha convertido en presa de esos protagonistas, los “vivitos criollos” , los pillos, los malandrines, los sifrinos ladrones, los bolichicos. Más que nada porque, como todo, tiene también un “lado B”. Es decir, hay una versión del venezolano cumplidor, trabajador, respetuoso, educado, responsable, emprendedor. Quizá hace menos ruido que los otros, pero está ahí con sus latidos, con su invención, con sus ganas de que la pesadilla acabe.

Creo en la fuerza de los pequeños emprendedores y artesanos como Iraida, la autora de esta muñeca que tengo en Madrid

Laureano Márquez repite insistentemente que aquél es el país de Uslar Prieti, Andrés Bello, Jacinto Convit, Francisco de Miranda, Teresa de la Parra, Lucila Palacios, Teresa Carreño. El país de quienes hicieron el puente sobre el lago de Maracaibo, la represa de Guri, el teleférico de Mérida, la Universidad Central de Venezuela. Dice que cómo vamos a perder la esperanza teniendo estos antecedentes. Sin embargo, esta retahíla me es insuficiente porque me resulta lejana. Así que decidí buscar mis propias razones para creer…Honestamente he encontrado muchas y aquí se las comparto como un pequeño bálsamo:

  • Los médicos y el personal sanitario. Siguen en pie de lucha en hospitales donde no hay ni algodón. Arriesgando sus vidas por los temas de bandas violentas que llegan tiroteando. Los galenos que siguen enseñando en los hospitales universitarios. Viendo a sus pacientes desnutridos y sin medicamentos. A todos ellos un aplauso.

  • Las madres. Su fuerza, su empuje y su entrega mueven a tanta gente. Las madres venezolanas de todos los estratos. Son tenaces, insistentes, corajudas. Hacen colas tremendas para los alimentos, las medicinas, los pañales de sus hijos. No les importa pasar hambre con tal de que sus hijos sí coman. Las madres en todos sus colores, en todas las clases sociales están ahí en las trincheras de la lucha diaria. Las madres, siempre las madres. Los abuelos que,pese al pésimo internet, hacen todo para ver  a través de una camarita a sus nietos que viven lejos. (Este punto lo tenía pensado y lo olvidé al escribir esta entrada. Me lo ha sugerido, cómo no, Ariana Arteaga Quintero).
  • Las Organizaciones No Gubernamentales. Los que se dedican a buscar medicinas, a ayudar a pacientes oncológicos, con VIH, con diabetes, con todo tipos de enfermedades crónicas. A quienes pasan sus días asesorando a familias víctimas de la violencia social y política. A los que ayudan a las madres adolescentes,  a los indígenas, a las adictos y a los indigentes.


  • Los maestros. Con sueldos vergonzosamente bajos. Con pizarras, programas educativos y técnicas caducas, pero con toda la ilusión de formar a sus alumnos. Los he visto. Tengo familia y amigos docentes. Su fe es inquebrantable.


  • Los periodistas que siguen en el país. A pesar de los salarios devaluados, a pesar de las condiciones durísimas para obtener la información, a pesar de lo peligroso que es ejercer, continúan viviendo y trabajando en Venezuela. Buscando datos, fundado nuevos medios digitales, actualizándose. Dándolo todo.


Creo en mis amig@s en Caracas que resisten, que hacen cosas increíbles por la ciudad, por los demás.

  • Ciertos jóvenes políticos cuyos discursos erizan la piel y a quienes no les ves los vicios de la vieja política. Dejan sus años, su esfuerzo y su salud en cada cita electoral, en cada acto. Ojalá les merezca la pena.


  • Las editoriales. He visto desde lejos el nacimiento de varias casas editoriales en un país donde no hay papel para los periódicos ni para nada. Siguen creyendo en la literatura y en los escritores. Organizan ferias del libro y actividades culturales extraordinarias.


  • Los artistas plásticos, creadores, músicos, humoristas y también los pertenecientes a nuestra menguada farándula. Ahora hacen teatro y recorren las grandes salas de colegios del país y llevan entretenimiento a quienes pueden pagar la entrada. Mi hermana, por ejemplo, es cantante de ópera y no para.


  • Las grandes empresas que resisten la inflación y todo el desastre económico. Esas empresas que son referencias del país por  trasladar valores a sus empleados.  No diré el nombre de ninguna, pero usted puede imaginar cuáles son. 



Creo en la generosidad de mis amigos del colegio en Puerto Ordaz que, a pesar de habernos graduado hace muchos años, se ayudan todo el tiempo.
  • Los que recorren el país para mostrar sus maravillas naturales en la tv, en la radio, en la prensa y que luchan para que no se desvanezca el turismo en un país lleno de escenarios extraordinarios, pero asaltado por delincuentes y estafadores. Un país petrolero donde las carreteras está rotas y donde te pueden robar, el parque automotor de autobuses está deteriorado, los vuelos nacionales e internacionales están reducidos. La gente que quiere preservar el turismo merece también un aplauso. Por su empuje, por sus ganas, por su pasión. 

  • Los productores agropecuarios. Siembran, siembran y siembran en condiciones tan adversas, con márgenes de ganancia ínfimos, con todo en contra. Allí siguen buscando en las extrañas de la tierra lo que pueden ofrecer. 

  • Todas las personas anónimas que están reconvirtiéndose y resistiendo en el país. Que son emprendedores y están haciendo camisetas, bisutería, repostería, artesanía, comida, flores y muchos productos hechos a mano y de mucha calidad.

  • Los profesionales que ahora tienen hasta tres trabajos para poder alimentar a su familia. Ingenieros que al salir de la empresa hacen tortas en su casa y venden helados. Profesores que son taxistas al salir de dar clases , abogados que van de los tribunales a su venta de arepas. Todo al mismo todo. Buscándose la vida. 


  • Los estudiantes. No hay mucho que explicar sobre ellos. Arriesgaron sus vidas ante un gobierno que les mostró sus dientes y sus armas. 

  • Los intelectuales que allí siguen. A lo mejor su labor no se siente, pero sé de muchos que están permanentemente pensando en una transición y en lo que harán para colaborar cuando ese momento llegue. Ellos están pensando el país del futuro. Están tramando ideas para verlo resurgir. Están escribiendo y creando, siempre. 


  • La fuerza y las ganas de quienes nos fuimos. A lo mejor muchos no volvemos, pero ofreceremos nuestro talento (si es que contamos con alguno) y nuestras herramientas para hacer cosas por la reconstrucción del país. Eso será así, desde donde estemos. Es un pequeño acto de fe. Es así. 


Estas son mis razones. Me gustaría conocer las suyas, si las tienen.

¡Gracias! 


PS: Mi lectura recomendada de esta semana es -> "No hay olvido posible cuando el país que dejas te persigue" 


jueves, 26 de octubre de 2017

Patty Cardozo: “Quiero cambiar el paradigma de sufrimiento del inmigrante"

Patty Cardozo durante su charla "Tu vida en una maleta en Madrid"

Briamel González Zambrano



Patty Cardozo llegó a España en el año 2013. Nació en Valencia (Carabobo) y vivió en Barquisimeto. Era propietaria de una agencia de viajes en la capital carabobeña. Se marchó a tierras ibéricas junto con su marido con la idea de estudiar un postgrado y regresar a Venezuela, pero nunca utilizaron el billete de vuelta. Patty hizo un máster de Coaching en Zaragoza, donde reside. El tema de su proyecto final académico fue sobre cómo asesorar a los inmigrantes y lo llamo “Migracoaching”.  La tesis obtuvo mención honorífica y una editorial aragonesa le ofreció escribir un libro sobre coaching y empezar de cero, aplicado a emprendedores y a migrantes. De ahí surgió “Tu vida en una maleta”, un texto donde relata, a través de las emociones, todo lo que pasa durante el proceso de irse a otro país. 

Con Patty Cardozo antes de la entrevista en Madrid




Cardozo, de treinta y tres años,  hoy cuenta con doce mil quinientos seguidores en su cuenta Instagram que abrió en enero pasado. En esa red social brinda apoyo a quienes consultan sobre qué hacer con lo que sienten al abandonar su país.  Les aconseja sobre la transformación de las emociones y cómo enfrentar la nueva vida en un destino distinto. Patty ha convertido el migracoaching en su modo de vida. Dicta charlas en diferentes ciudades españolas y brinda asesoría en persona y a través de skype. Nos encontramos en su más reciente visita a Madrid para hablar de su proyecto.  

Ataviada con minifalda de cuero, tacones brillantes, una camiseta blanca y  peinada de peluquería me esperaba en la antesala de un hotel de Malasaña.  Allí ofrecería su charla “Mi vida en una maleta” una hora después de conversar conmigo. Nos sentamos en un sofá y el público que acudía a verla no paraba de llegar y saludarla con afecto. Ella me pidió disculpas por las interrupciones y se levantó varias veces a dar abrazos y preguntar los nombres de los asistentes. A varios les confesó: “¡Sí, claro que me acuerdo de tu caso, naguará!”.

.- ¿Por qué pensaste que el coaching para inmigrantes como tesis para tu máster?
.- Un día escribí un artículo que se llama “Qué se siente al migrar”. Se hizo viral. Incluso artistas de la farándula venezolana lo postearon en sus redes como si fuera suyo. Digamos que hubo varios plagios o gente que no me dio el crédito (ríe suavemente). Sentí un impulso por el auge de ese texto y todas las preguntas que me llegaron a raíz de haberlo escrito. Entonces decidí hacer la tesis de eso, luego vino el libro y ahora mis sesiones de migracoaching, mis charlas y muchos planes. 

.- ¿Cómo son las sesiones de migracoaching?
.- Las hago en persona y también vía skype para personas que se han ido o están por irse de su país. Me plantean su problema, sus dudas, sus sentimientos y yo les doy mi feedback y hacemos juntos el plan de acción para conseguir metas. Casi siempre trabajamos los miedos, las incertidumbres, el apego, las herramientas para empezar de cero.



.-¿Cuál es la consulta más descabellada que te han hecho?
.-Una chica se quería ir del país y su novio no. Él le propuso matrimonio. Ella quería que le dijera si abandonarlo o si quedarse con él. La respuesta estaba en sus manos, no en las mías. No soy nadie para meterme en eso. 

.- Te confieso que mi proceso migratorio fue muy fácil emocionalmente porque tengo a casi todo mi grupo de amigos de la universidad aquí en Madrid y la mayoría llegó antes que yo. Por lo tanto, tuve su respaldo y nunca me sentí  ni sola, ni perdida, ni con miedo,  ni con todos esos sentimientos de nostalgia y llorantina que te comentan en tus redes. De hecho, me resulta bastante ajeno todo ese apego por un país que creo que ya no existe. No es que no lo quiera ni que no lo piense,  ni que no desee que todo mejore, entiéndeme. Es que tengo claro lo que era, lo que fue y lo que no es ahora.  Sin embargo, leo las consultas que te hacen y lo encuentro natural. La nostalgia, el dolor por la familia, los apegos…
.- Qué suerte tienes de haber tenido un proceso así, pero no es la realidad de todo el mundo. En la mayoría de los casos hay mucho dolor y mucho apego. Yo quiero cambiar ese paradigma de sufrimiento del inmigrante. No tiene que ser visto como un drama. Se tienen que trabajar los sentimientos, las metas, lo que se quiere conseguir, se tiene que ver hacia adelante. Es normal sentir nostalgia de paisajes, de algunas cosas materiales y sobre todo de personas, de los afectos, pero si has tomado la decisión de irte, hay que asumirla con valentía, con ilusión, con entereza. Tener planes, luchar mucho. La vida que tuviste en Venezuela es parte de lo que eres y nadie te lo va a quitar, pero se acabó y empiezas en otro lugar, con todas tus fortalezas y tus debilidades. Hay que ver las oportunidades, buscarlas siempre.

Creo que es muy válida la nostalgia, cómo no. Sin embargo, el llanto constante es lo que no puede ser. Te has ido, ahora a trabajar para conseguir lo que quieres. Si no tienes la fuerza económica, búscala. Si no conoces a nadie, inscríbete en actividades gratuitas, hazte voluntario, hay muchas organizaciones que necesitan gente. La Cruz Roja, por ejemplo, es un buen lugar. Hay que pensar que llorando, estás perdiendo una oportunidad de crecer, de expandirte en muchos sentidos. 

.- Creo que esa nostalgia del venezolano es universal de cualquier migrante, pero también tiene que ver con que estamos estrenándonos en esto de ser inmigrantes.  Antes la gente se iba a estudiar y volvía. Fuimos un país receptor de inmigrantes durante décadas y ahora nos ha tocado…
.-Exacto. Es un proceso inédito y eso conlleva un aprendizaje. Estamos aprendiendo todos sobre la marcha. Aprendemos sobre lo que significa dejarlo todo atrás y recomenzar. Eso no tiene por qué ser terrible. Insisto en que hay que trabajar y ver las oportunidades en medio de lo adverso y difícil. Hay que sacar las herramientas. Poner en práctica la paciencia, el entusiasmo y la confianza. Hay gente que me escribe: “Esto es desesperante. No encuentro trabajo”. Y le pregunto: “¿Hace cuánto llegaste?”. Me responde: “Hace dos semanas” (risas). Hay que tener constancia, equilibrio y paciencia.  Mi historia personal no fue un camino de rosas. No es que me estaban esperando en Zaragoza para ponerme una alfombra roja. Cada quién tiene que trabajar por lo que quiere y hacerlo intensamente.



.- ¿Cuál es tu recomendación general más recurrente a los venezolanos que se van?
.- Que dejemos atrás las malas mañas, la viveza. Que sean agradecidos. Que se olviden del “yo tenía, yo era” y que recomiencen y se reinventen. Que aprendan a soltar y a deslastrarse de lo que fueron.  Que migrar es un viaje por todas las emociones y hay que vivirlo. 

.- ¿Cuáles son tus próximos planes?
.- Seguir dando charlas por toda España y ojalá en otros países. Continuar con mis sesiones de coaching tanto personales como en skype. Hice del migracoaching mi modo de vida y lo pienso mantener. Me hace feliz, me gusta y me da muchas satisfacciones. 

Coordenadas: