viernes, 19 de enero de 2018

Los que más crecen, los que más piden



Briamel González Zambrano

El diario ABC publicó esta semana una nota según la cual la comunidad venezolana es la colonia extranjera que más crece en Madrid. Estamos en casi todos los barrios, en todas las escalas sociales y ocupamos cargos en diversas industrias. Casualmente, en estos días estuve con una persona de Cáritas, la rama de la iglesia católica que trabaja con los más excluidos y  me dijo: "Los venezolanos son los extranjeros que más acuden a nuestras sedes para pedir comida, ropa y trabajo en España". Yo me quedé pensativa. Estuve cavilando sobre el tema, sobre este desembarco que no cesa, imaginando las caras que hay detrás de todos esos números: Mis paisanos. 

Retrocedí también a mi vida en mi natal Puerto Ordaz. Una ciudad planificada y repleta de inmigrantes. Allí crecí viendo cómo mis amigos, hijos de colombianos, se ayudaban con otros colombianos, lo mismo pasaba con españoles, portugueses, italianos, chilenos, peruanos, bolivianos, libaneses y griegos. La lista de las aulas de mi colegio era una retahíla de González, García y Pérez mezclados con apellidos venidos desde todas partes, a veces impronunciables . Los vi ayudarse, tener sus clubes, hermandades, celebrar las fiestas y hacer las recetas de los países de origen, mezclar su sangre y su vidas con venezolanos, crecer.


Ahora estamos nosotros los venezolanos en esta tesitura. Somos los que más crecemos en número y también los que más pedimos a la beneficencia. Es lógico. Se está huyendo. A la luz de lo acontecido esta semana, la violencia del gobierno aterroriza, espanta y hay quien sale corriendo con lo puesto. Tenemos un gobierno que asesina en directo, que involucra grupos paramilitares en operativos en los que trabajan los Cuerpos de Seguridad del Estado. Esto nadie lo explica. Una periodista pregunta qué ha pasado y llama a la reflexión en la tele y la echan de su trabajo, luego de 17 años de servicio. Aprovecho para presentar mis respetos para Alba Cecilia Mujica, una periodista que ha sido guía y formadora de varias generaciones. 


Hay semanas así. En que Venezuela es un aliento contenido, una herida con la carne enrojecida y que no se cierra. Es una metralla de acontecimientos desafortunados que te golpean. Mientras tanto, las cifras nos hablan por sí solas. Un país con un goteo indetenible de personas que huyen y otra parte de su población que resiste, que lucha, que sobrevive allí. Ambos grupos con el corazón en un puño, soñando que todo cambie, que todo mejore, que termine la pesadilla. 








1 comentario:

  1. Es que antes el que salia del país podía vender sus propiedades y sacar el dinero, llegaba aquí y hasta compraba una vivienda, ahora es imposible, tienen que abandonarlo todo y salir, ni dinero tienen porque el bolívar no vale nada, la mayoría salen como pueden, con una mano delante y otra detrás, doy fe... :(
    Besos y salud

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